Tu mejor vendedor. Tu director de operaciones. El técnico que lleva quince años. El criterio que sostiene tu negocio vive en dos o tres cabezas. Y las tres se pueden ir por la puerta.
Codifico ese criterio en motores de decisión que operan dentro de tu empresa. No documentación. No formación. Sistemas que deciden como decidirían ellos.
Verificable: 8 de cada 10 decisiones iguales a las de tu experto, o te devuelvo el dinero.
Un lunes cualquiera, tu jefe de operaciones te pide cinco minutos y sale de tu despacho con fecha de salida. Dos semanas después su mesa está vacía y los pedidos siguen entrando.
El primer mes no pasa nada grave. Eso es lo peor que puede pasar: nadie ve el momento exacto en que la empresa empieza a decidir peor.
Un pedido urgente que él habría rechazado en diez segundos se acepta. Un cliente de años recibe un plazo que él nunca habría prometido. Una señal de alarma que él olía en la primera llamada pasa de largo. Cada error, por separado, parece mala suerte. Juntos son su criterio, saliendo de tu cuenta de resultados gota a gota.
La versión contraria también existe: la empresa donde ese criterio está codificado. El que entra nuevo consulta desde el primer día cómo decide el veterano. Tú delegas sin vigilar cada decisión. Y las vacaciones dejan de ser el sitio desde el que contestas llamadas.
Una empresa que no depende de quién esté en la sala se dirige mejor. Y el día que la vendas, vale más.
Wikis, manuales, Notion. Capturan el qué, nunca el cuándo ni el salvo-que. Nadie los lee, y el día que hacen falta están desactualizados.
Vídeos, formaciones internas, sesiones de traspaso. Capturan lo que el experto sabe explicar. Lo que le hace valioso es justo lo que no sabe explicar.
Suena bien en la demo. Responde como un becario aplicado: correcto en lo general, perdido en la excepción. No piensa como tu experto porque nadie le enseñó cómo decide tu experto.
Te venden herramientas y licencias. El criterio de tu gente no viene incluido en ninguna licencia.
18 meses hasta que la persona nueva decide con criterio. Y también se puede ir.
No entreno una IA con vuestros documentos. Le pongo delante casos reales bajo presión: específicos, con coste, con trampa. Extraigo las reglas que aplica sin saber que las aplica. Las escribo como un sistema: reglas, excepciones y condiciones de cada una. Y lo calibro contra casos de test hasta que decide como él.
El estándar es público y medible: 8 de cada 10 decisiones iguales a las que tomaría tu experto. Ni 6, que no sirve. Ni 10, que es un sistema sobreajustado que falla en cuanto llega un caso nuevo.
El método completo está publicado, paso a paso. Te lo envío íntegro cuando agendemos la primera conversación. Lo que se vende es ejecución, no información.
El motor no jubila a tu experto. Le quita los ocho casos de cada diez que se repiten y le deja la cabeza libre para los dos que no se parecen a nada anterior. Esos dos siguen siendo suyos. Ahí es donde su criterio vale más.
Si el veredicto es no, ahí acaba. Te quedas el Mapa y te ahorras el resto. Es la auditoría de riesgo de conocimiento que ningún proveedor de software te va a hacer, porque su respuesta siempre es sí.
Estándar de entrega: 8 de cada 10, o te devuelvo el coste íntegro del desarrollo.
Para empresas donde el criterio crítico no vive en una cabeza sino en varias.
Si tu caso no es codificable, te lo digo por escrito en Diagnosis, con el razonamiento. Sin obligación posterior. Te ahorras tiempo y dinero.
Si tras tres ciclos de refinamiento el motor no alcanza el estándar contra casos reales, te devuelvo el coste íntegro de desarrollo. Pídele esta garantía a cualquier consultora de IA y mira qué cara ponen.
Tu criterio codificado no depende de un modelo concreto de IA. Cuando los modelos cambien, recalibro sin coste. El archivo es tuyo.
Y una condición previa a las tres: NDA firmado antes de que yo vea nada de vuestra operación. Lo que se extrae tiene un solo dueño: el Mapa, las reglas y el archivo son de tu empresa, siga yo dentro o no.
Una IA puede recomendarte cualquier cosa: no firma la decisión, no responde por ella y no devuelve el dinero. Yo sí. Por eso hay garantías: aquí el que también arriesga soy yo.
Operaciones de cinco y seis cifras. El primer criterio que codifiqué fue el mío: tres métodos de venta enterprise convertidos en motores de decisión. Un diagnóstico que me llevaba 60 minutos, en 2. Once reglas auditables. 8 de cada 10 al primer intento. Ver el caso completo →
Después lo apliqué a cuatro cuerpos de obra publicados: lujo, copywriting, ventas B2B y comunicación de alto impacto. Los cuatro pasaron el estándar.
Seis proyectos por trimestre · Las aplicaciones genéricas se descartan
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